sábado, octubre 28, 2006

UN CONSEJO: MÁS TELE Y MENOS LIBROS

A Don Quijote, como todo el mundo sabe (o dice que sabe) los libros de caballería le hicieron perder la cabeza. Los leyó una y otra vez hasta que se los creyó, y su propia locura consistió en suplantar la lógica, la moral y las convenciones de este mundo, por las de aquellos libros en que había peligrosas aventuras a la vuelta de cada esquina, donde ogros y gigantes secuestraban a princesas, y los hombres eran héroes incorruptibles, por encima de las debilidades de los hombres presentes. Os copio un pasaje que siempre me ha encantado, en el que Don Quijote, perdido en la noche, por un bosque oscuro, se estremece a cada ruido, pensando que es el comienzo de una peligrosa hazaña y dice:

(...) yo nací, por querer del cielo, en esta nuestra edad de hierro, para resucitar en ella la de oro, o la dorada, como suele llamarse. Yo soy aquél para quien están guardados los peligros, las grandes hazañas, los valerosos hechos. Yo soy, digo otra vez, quien ha de resucitar los de la Tabla Redonda, los Doce de Francia y los Nueve de la Fama, y el que ha de poner en olvido los Platires, los Tablantes, Olivantes y Tirantes, los Febos y Belianises, con toda la caterva de los famosos caballeros andantes del pasado tiempo, haciendo en este en que me hallo tales grandezas, estrañezas y fechos de armas, que escurezcan las más claras que ellos ficieron.

Hoy en día, aún sigue existiendo quien termina habitando un mundo deformado por lo literario. A mí me pasó. Pero no fueron libros fantásticos, de romance y aventura, ni subproductos para la evasión, sino libros en donde pensé que encontraría, a modo de revelación, las claves para desenmascarar a la sociedad y a los hombres, esos libros que se alzan como torres en la biblioteca de una adolescente con veleidades intelectuales, y que ponen a nuestro alcance las dolorosas verdades sobre sexo, amor, dios, familia, etc... que siempre creímos que nos estaban siendo ocultadas para que dirigiéramos nuestros pasos por caminos más fáciles. Diario de un Ladrón, Viaje al Fin de la Noche, Bajo el Volcán, El Sótano, Filosofía en el Tocador, El Ocaso de los Ídolos, Las Flores del Mal, Una temporada en el Infierno... qué larga lista de tópicos. Los veo en mi biblioteca y me río de mí misma. Sí, yo también me leí mi buena dosis de libros de caballerías, y parte de mi condición de prostituta se los debo a una aproximación muy adolescente a cierta literatura de enaltecimiento de lo maldito. Una se leía un libro de Nietzsche, Sade o Celine, y ya se creía más lista que nadie, y a cada libro, se hacía más pesada la carga de vanidad intelectual y moral. Sentía que tras las grandes ideas con las que nos nutren desde niños (esas que os he enumerado, Dios, el amor, la familia, la igualdad, la democracia...) sólo yo había alcanzado a ver a través de ellas las mentiras que a los demás se les ocultaba. Todo me era lícito, porque creí que en mis manos estaban ya las herramientas del pensamiento con las que se construyen y se desmontan los mecanismos de la culpa o del deseo. Todo sentimiento desagradable podía ser reducido con la razón, ¿por qué no iba a ser puta? ¿Realmente es peor que ser secretaria, o profesora o documentalista, abogada...? Siempre encontraba mil razones por las cuales cualquier actividad humana podría ser medida en términos de humillación e indignidad con la prostitución. ¿Por qué ser indigna por 10 euros la hora cuando se puede ser indigna por mucho más dinero? Y lo del sexo no eran más que escrúpulos judeocristianos sin fundamentos lógicos, de los que una debía liberarse, para llegar a la libertad total y absoluta de disponer del cuerpo sin prejuicios, sin culpas, sin más normas que las de la naturelaza, que son las únicas sabias, y que sólo nos pide que sobrevivamos. He de confesar que siempre me he sentido muy superior a las demás mujeres por poder hacer lo que hago, y muy superior al común de los hombres por el poder que el sexo me otorga sobre ellos. Me leo y me doy asco, no es más que un discurso de la arrogancia. Pero sí que pienso que quienes como yo, nos hemos refinado hasta el punto de haber superado cualquier escrúpulo sexual, y que para poder ser libres hemos profanado todos los tabúes y sacralizaciones del sexo (la sacralización de la virginidad, la vinculación del sexo al amor, o la anatemización de la sodomía), estamos de nuevo vacías, vacías de valores ridículos, de dogmas que constriñan nuestra relación con nuestro propio cuerpo, de supersticiones represoras que nos atormentan toda la noche por una caricia recibida por un extraño. Ese vacío del que hablo, que es toda una conquista espiritual, se siente como un abismo interior en donde todo cae y se pierde en la oscuridad, sin dejar rastro. Tanto el amor, como el deseo. He tenido que destruir muchas cosas dentro de mí misma para poder ser como soy ahora, y sólo ahora me doy cuenta que realmente no construí un pensamiento para ser así, si no que bastó con destruír lo que me habían instalado dentro. Por eso siento, como decía Ululatus Sapiens en su comentario, que realmente, la gente vacía como yo es quizás la que mejor situada esté para volverse a llenar de algo, esta vez de algo elegido.

Me impresiona mucho otro blogger que creo que también ha caído en fascinaciones por lo maldito de la misma manera que yo, sólo que desde el sexo contrario. Se hace llamar Herr Peter y os enlazo su blog que es una colección de desventuras de caballerías quijotescas, pero a lo moderno. Un antihéroe romántico que ensalza su vida de putero, bebedor, aficionado a las armas y con algún guiño a la estética nazi. Merece la pena leerlo, porque la calidad de la narración y de las descripciones es bastante alta. Una no deja de tener la sensación de haber estado antes ahí, en lo que Herr Peter escribe, de la mano de Jean Genet, Celine o Malcolm Lowry... Supongo que será otro colgado de la literatura, que como yo se la creyó demasiado, hasta que se convirtió en un miserable personaje de los mundos de oscuridad que tanto nos gustó leer, como yo también lo soy. Todo menos ser hipócrita.

3 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Zingua,
hagas como lo hagas esta mal hecho ... o bien; depende como lo veas. El unico problema que tenemos TODOS los seres humanos es el tiempo limitado y la consciencia sobre este aspecto. Asi que continuamente nos planteamos como hubiera sido mi vida si hubiera hecho esto o lo otro en un momento determinado. Y cuanto mayores nos hagamos o cuanto mas vivencias hemos tenido, que nos han encaminado en una direccion muy concreta y dificil de deshacer, mas nos pesa eso de dudar si hemos tomado las decisiones adecuadas.

En absoluto te veo vacia; te veo inconformista, rebelde, valiente ... muy valiente. Meterte puta de forma consciente y voluntaria ... Pero tu autentico problema creo que es que eres "demasiado" inteligente, demasiado consciente de las limitaciones de nuestra vida sobre este planeta.

6:06 p. m.  
Blogger d said...

Hola Kevin... no me metí en esto de manera consciente, creo que me dejé llevar como si fuera un juego, luego me agarré a ello como un acto de desafío y después, es decir, ahora, lo analizo friamente e intento comprender como llegué aquí. Estoy ahorrando para dar el siguiente paso y salir de aquí. Creo que no me arrepiento de nada, ser puta me ha enseñado mucho y me ha permitido seguir cultivándome, pero si sigo siéndolo empezaré a embrutecerme.

12:44 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

Zingua,
hagas lo que hagas, ¡hazlo bien! No es facil para mi imaginarme que una persona que sabe escribir sus sentimientos y sus pensamientos como tu se pueda embrutecer. Eres lo suficientemente lista para separar lo uno de lo otro y subir de escalafon. Porque hay putas y putas.
Por cierto, la gran mayoria de la gente en este mundo toma las decisiones mas trascedentales dejandose llevar por algo o alguien. No meditan bien sus decisiones; no piensan a largo plazo. Y creo que eso esta bien asi. Si fuesemos todos estrategas ... ufff, vaya lio estaria hecho este mundo.

7:44 p. m.  

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