domingo, noviembre 12, 2006

GIORGIONE


Estaba pensando en si debo poner o no poner una imagen en mi blog. En un principio pensé en no hacerlo, quería hacerlo sólo de texto, pero ahora lo veo un poco árido, tanto párrafo, sin imagen que lo oxigene. Además no sé cómo hacer eso de "seguír leyendo", que ponen al final de una pequeña introducción al post en muchos blogs, y que hace más digestible el primer vistazo a la página. He decidido que de vez en cuando voy a poner pinturas de mujeres, las fotos se me hacen demasiado concretas y duras, no me puedo imaginar a quienes sirven de modelos como símbolos, sino como sujetos específicos. Prefiero la pintura porque tiene toda la potencia de una imagen construida para ser símbolo, un producto de la imaginación creada para ser gozada no sólo con la vista, sino con el pensamiento. El problema con la pintura (o por lo menos, con la que a mí más me gusta en este momento, los gustos me duran poco) es que los grandes cuadros de mujeres casi siempre están hechos desde la mirada de un hombre. La pintura es un arte eminentemente masculino, históricamente lo ha sido siempre así. Las mujeres que nos ha dejado para su contemplación son productos de la la imaginación de un hombre. Es un hombre quien las piensa, las sueña, ajusta el canon de sus proporciones, las viste, les da la pose, el color, el gesto, y si tienen mucha habilidad, un toque de vida, lo suficiente como para hacerlas habitar en nuestra imaginación colectiva durante siglos. Pero, con toda su pericia, hay algo en ellas que nos traiciona como espectadoras, la mirada con la que nos miran es la de una mujer mirando a un hombre, no nos miran a nosotras. Por eso, mi pintor favorito de mujeres es el veneciano Giorgione, que pintó a Judith y a Venus con los ojos cerrados o mirando a otra parte. A Judith la pintó con la espada y el hombre a sus pies, como una Salomé sin la mancha de su crimen, sino con un aire de heroína. A Venus la pintó soñando, mientras dejaba reposar su mano sobre el pubis... Giorgione sabía que para él, el misterio inescrutable era saber qué sueñan y qué fantasean las mujeres, que es lo que están mirando cuando sus ojos no nos devuelven el reflejo de la mirada que las mira. Giorgione no se desveló a sí mismo el misterio con su pintura, lo conservó con toda la carga enigmática.

2 Comments:

Anonymous cid rojo said...

Ya lo dice el refrán, una imagen vale más que mil palabras.
No sólo a Giorgine le supone un misterio el saber que sueñan y fantasean las mujeres, todos los hombres tenemos esa duda, donde estarán mirando las chicas cuando te miran pero su mirada es transparente y te atraviesa para ir a otro lugar... la capacidad de abstraerse y soñar despiertas es superior en las mujeres, no??

Personalmente odio los cuadros antiguos de mujeres desnudas, no termino de verles la belleza, no me excitan nada.

8:13 p. m.  
Blogger d said...

La mayoría de los placeres de la vida cuestan dinero y terminan por matarte. El arte clásico es de los pocos placeres que salen gratis y que no te degradan. Las mujeres desnudas de la pintura clásica no están pensadas para excitar sexualmente (o al menos, no exclusivamente) sino que ofrecen un placer más profundo, que va más allá que el puro goce visual. En ellas todo es simbólico, lo que ves no es más que la superficie de un mundo de ideas bastante complejo. Claro que requiere educar la mirada, hoy en día su belleza no nos es accesible a primera vista. Tendría que empezar un blog nuevo para explicarte que hay de excitante en este cuadro, pero supongo que es la curiosidad la que debería guiarte hasta ahí. Ahora que si los odias...

11:17 p. m.  

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